miércoles, 6 de febrero de 2019

Reseña: Bodas de sangre de Federico García Lorca



BODAS DE SANGRE 



¡Qué vidrios se me clavan en la lengua! 

Porque yo quise olvidar 

y puse un muro de piedra 

entre tu casa y la mía. 

Es verdad. ¿No lo recuerdas? 

Y cuando te vi de lejos 

me eché en los ojos arena. 

Pero montaba a caballo 

y el caballo iba a tu puerta. 

Con alfileres de plata 

mi sangre se puso negra, 

y el sueño me fue llenando 

las carnes de mala hierba. 

Que yo no tengo la culpa, 

que la culpa es de la tierra 

y de ese olor que te sale 

de los pechos y las trenzas. 



Como ya sabéis, hace tiempo que vengo leyendo toda creación de Federico García Lorca que caiga en mis manos. Sean poemas, cartas u obras teatrales, nunca tengo suficiente. Es por eso que hoy vengo a hablaros de Bodas de sangre, una de las más conocidas y renombradas del autor. 

Solo leyendo la primera página, en la que la madre del novio maldice todo lo que pueda cortar el cuerpo de un hombre, uno ya se queda prendado de los personajes y necesita saber más sobre la historia. Sí, quizás deberíamos destacar este hecho: Bodas de sangre es una obra que engancha desde el primer momento, porque Lorca sabe qué darle al lector, en qué medida y cuándo. 

La trama central de la obra es una boda que termina en muerte, en desgracia, en definitiva, en sangre. Y no hablamos de la sangre virginal de la novia, sino de la sangre arrebatada en un cuerpo a cuerpo.  Es más, la muerte violenta está presente desde las primeras líneas, pues la familia del novio (concretamente padre y hermano) la ha sufrido. En esta unión entre la familia del novio y la novia se entrecruza el personaje de Leonardo. 

Leonardo es la pieza clave de la obra. Él había sido durante un tiempo novio de la novia, aunque acabó casándose con la prima de esta por un asunto de tierras. El día de la boda, aparece en casa de la novia con su mujer y su hijo decidido a expresar su verdad: le envenenan los recuerdos. Como podéis ver en el fragmento que os he dejado, él hace un esfuerzo por olvidar a la novia, pero no puede. Al final todo le lleva a ella. Es por eso que, exaltado por los sentimientos se presenta allí y es el culpable de que todo tenga un trágico final. 

La boda se realiza y la novia se casa. Sin embargo, todavía hay tiempo para escapar y es lo que hacen. Leonardo, tras haberle confesado sus sentimientos a la novia, se escapa con ella: les puede más el deseo que el olor a muerte. Esta huida acaba con los dos hombres protagonistas, el novio y Leonardo, muertos; con la novia rogando que la maten. 

Destacaría el personaje de la mendiga que, junto a la luna, crea una especie de personaje alegórico. Esta mujer que se aparece es la representación de la muerte, que pone a cada uno en el lugar que le corresponde para el dramático desenlace. 

Fuera del puro argumento, merece la pena hablar de los símbolos que aparecen en la obra. De entre todos, creo que los más utilizados por Lorca en toda su producción son el caballo y la luna. El primero representa la virilidad, la fuerza, lo sexual y siempre va ligado a la figura de Leonardo. Es el caballo el representante de la pasión, el encargado de llevar a su amo al objeto deseado, el encargado, también, de llevar a los protagonistas a la muerte. La segunda, simboliza la muerte con rostro femenino. Es uno de los símbolos más amplios y recurrentes en Lorca, es por eso, que yo leería Bodas de sangre después de haberme familiarizado con Romancero gitano

Finalmente, os recomiendo la lectura de esta famosa obra si os interesa ver esa mezcla de costumbre andaluza y alegría que contrasta con el tema central de la obra, es decir, la relación entre vida y muerte. 

¿Qué obra teatral lorquiana os gusta más? 

miércoles, 23 de enero de 2019

Reseña: El río de Andreu Sevilla


EL RÍO 




LAS CASUCHAS

“Ningún hombre está solo si le vive su madre.” 

Juan Martínez Plaza 

Volvimos al lugar donde nacieras,

de nombre feo y tierno, y no encontraste

la casa en que viviste, aunque buscaste,

por callejuelas, tapias y traseras.



¿Es posible que no reconocieras

tu casa de chiquilla? El desgaste

del tiempo o de la ruina, me explicaste,

memoria y vida vuelve pasajeras.



¿Por qué perdiste, madre, lo vivido?

¿Quién ensució tu infancia de hambre y pena?

¿Cómo aprendiste el miedo a las tormentas,



al río aciago y a la luna llena?

¿Dónde a curarte sola las afrentas,

con tanto amor venciendo a tanto olvido?



El río es el nuevo libro de poemas que ha escrito mi padre, Andreu Sevilla, y en él se hace un recorrido por el río Júcar y mi familia. Después de leerlo y disfrutarlo -no nos vamos a engañar, me cuesta ser plenamente objetiva con este libro- he llegado a una conclusión: El río es una metáfora dentro de una metáfora. 

Ya decía Manrique en sus famosísimas coplas que “nuestras vidas son los ríos que van a dar en el mar que es el morir”; lo mismo ocurre con este libro. Al igual que el Júcar, que nace en Cuenca y muere en Cullera (València), mi familia paterna más cercana nace en Castilla-La Mancha para, más tarde, encontrar su residencia en València. Es por eso que, en este libro, se encuentra uno con ese sentimiento agridulce del que vuelve a su tierra, pero no para quedarse. La nostalgia, la pena y el recuerdo de una infancia, ahora ya casi onírica, viajan de la mano con el lector para guiarlo por un espacio que no obedece en demasía a las leyes del tiempo. 

Es una pena que el libro no vaya acompañado de fotografías. Sé que, al tratarse de un espacio tan concreto, muchos lectores puede que no lleguen a apreciar en profundidad todos los significados. No obstante, estoy segura de que la sensación de abandono, pérdida y a la vez visita y resurrección quedan patentes en estos poemas. 

El cielo de La Losa
Sin embargo, no es el río lo único que transcurre en este libro. En los sesenta sonetos vamos recordando a personas que, como en el curso de los ríos, se encuentran en diferentes momentos de su vida: unas que nacen (Aloma), unas que siguen su camino y otras que, lamentablemente, ya no están con nosotros (como puede ser mi bisabuela Fabiana). 

Te sueño a veces viva (anchas caderas, 

mandil y saya, un pie hacia cada lado), 

la bondad de quien tanto ha perdonado 

en la sonrisa, como si entendieras… 


En todos los poemas encuentro una mezcla de pena y ternura y, si lo pienso detenidamente, esa es la sensación que tengo cuando visito (no sabéis la obsesión que tengo con estos parajes) los lugares que aparecen en este libro. El Júcar, a su paso por el sur de Cuenca y provincia de Albacete, riega tierras fantasma, da agua a aquellos que ya no la pueden beber. Todo este clima de ruina, de pasado, de hambre y pobreza, pero a la vez alegría y infancia hace de estos lugares mi Macondo particular, mi Comala, mi realismo mágico. 

Cementerio, casi abandonado, de San Benito

Es por eso que, para mí, este es el libro de mi padre al que más cariño y amor le tengo. He estado presente durante su redacción y he podido incluso opinar sobre algunos de los poemas (¡qué suerte!). El río es un portal al que acudo cuando quiero visitar los sitios en los que he sido y espero seguir siendo feliz. Es volver a mi abuela, a sus historias y a nuestro San Benito. Es sentirme hija de una tierra en la que nunca he vivido, pero otros que la han vivido y sufrido me han inculcado el amor por ella. 

Con todo esto, espero haberos convencido para que le deis una oportunidad a la lectura de sonetos que, aunque parecen ya en desuso, tienen mucho que aportar todavía. 

¿De dónde viene vuestra familia?

domingo, 21 de octubre de 2018

RESEÑA ROMEO Y JULIETA DE WILLIAM SHAKESPEARE



ROMEO Y JULIETA 



ROMEO 

Con las alas del amor salté la tapia, 

pues para el amor no hay barrera de piedra, 

y, como el amor lo que puede siempre intenta, 

los tuyos nada pueden contra mí. 

¿Os acordáis de cuando no había leído el clasicazo de Orgullo y prejucio? Pues lo mismo me sucedía con Romeo y Julieta. Es una de las obras teatrales más archiconocidas del archiconocido William Shakespeare, pero ni por esas me atrevía con ella. Me pasa con este tipo de títulos que, al encontrar referencias sobre ellos en todas partes, pienso que de algún modo me van a decepcionar. ¿Será este el caso? 

miércoles, 17 de octubre de 2018

RESEÑA APROXIMACIÓN A LA HERIDA DE JESÚS ARTACHO



APROXIMACIÓN A LA HERIDA





"¿Aproximarse
a la herida? ¿Rozarla apenas?
Meter el dedo
más bien. Escarbar,
punzarla, rasparla
con papel de lija.
Ensancharla
como la mirada.

A este extremo
hemos llegado hoy
acaso hastiados ante la enormidad
aplastante de lo no nacido,
gritando
-de nuevo-
sin pronunciar palabra.


When I was seventeen
it was not a very good year,
debió cantar Sinatra
(…el mar sangraba)."



De Jesús Artacho ya había leído los relatos en El rayo que no cesa, pero me he enganchado a su poesía. Este librito –el diminutivo es por lo breve, no por lo intenso-, publicado por la editorial Baile del Sol, es algo que debe caer en vuestras manos. Cuando leáis estos versos, algunos de ellos premiados en el Málaga Crea 2014, sentiréis que ya no estáis tan solos en el mundo. 

martes, 18 de septiembre de 2018

RESEÑA DUELO DE EDUARDO HALFON

DUELO 



“Mi abuelo nunca me hablaba de aquellos seis años, ni de los campos, ni de las muertes de sus hermanos y padres. Yo tuve que ir descubriendo los detalles poco a poco, en sus gestos y en sus bromas y casi a pesar suyo. De niño, si yo dejaba comida en el plato, mi abuelo, en vez de regañarme o decirme algo, sólo extendía la mano en silencio y se terminaba toda la comida él mismo.” 

Nunca había leído nada de Halfon y ¡ha sido una grata sorpresa! Me traje el libro a casa porque me llamó la atención el título: la muerte es un tema que me suele atraer bastante porque todo lo que tiene que ver con ella, por ejemplo, el proceso de duelo, me parece muy interesante. Aunque la palabra duelo tiene diferentes acepciones, creo que en este libro se habla del proceso de adaptación emocional que ocurre después de una pérdida; pero, en este caso, la pérdida ni siquiera se ha vivido en primera persona. 

Reseña: Bodas de sangre de Federico García Lorca

BODAS DE SANGRE  ¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!  Porque yo quise olvidar  y puse un muro de piedra  ent...