lunes, 25 de septiembre de 2017

LA TRAMA SÍSIFO (entrevista + opinión)

o CÓMO PUBLICAR SIN MORIR EN EL INTENTO

Mi padre es un hombre a un libro pegado. Pero, aparte de un incansable e incondicional lector, Andreu Sevilla es también el autor de La penombra de la coloma (2010), Camins de dulcamara (2012) y Abans de callar (2015). No se me ocurre un mejor ejemplo que él para hablar de la figura del escritor y de cómo cuesta publicar una novela, así que, a través de su experiencia personal, intentaremos ver qué es lo que ha cambiado en el mundo literario y editorial en los últimos años.


La penombra de la coloma tardó diez años en ver la luz: recuerdo a mi padre durante largas tardes escribiendo y reescribiendo una novela que nunca le satisfacía del todo. Fueron diez años no consecutivos de redacción y corrección, “dejas reposar la novela para ver por dónde van las cosas, para leerla entera, para ver si tiene unidad. Son necesarias muchas correcciones para llegar al nivel que quieres para tu obra”. Además, Andreu no sabía si la novela se podía editar porque se trataba de su primera incursión en el mundo de la literatura. La idea inicial fue cambiando, y él afirma que, a lo largo de ese período, la novela dejó de ser algo que escribía para sí mismo y empezó a pensar en el posible lector. Cabe añadir que La penombra de la coloma suponía una cierta dificultad debido a la tarea de reconstrucción y documentación histórica (está situada en la Valencia del siglo XV). Este factor, sumado al miedo a no encajar en un mercado o a no ser accesible para el lector medio en valenciano, hizo que la tarea de reescritura durara años y años.

A pesar de ser un primer libro y de las ambiciones literarias del autor, a pesar del intento de ajustar la novela a lo que puede leer un lector medio, mi padre se encontró con un problema: “Los lectores somos personas cómodas, lo que queremos leer es una cosa con cierto nivel pero fluida. Queremos un léxico estándar y una novela que se pueda leer con el piloto automático puesto. Al lector, en general, no le gustan las complicaciones aunque puedan ser enriquecedoras. Muy pocos lectores captan la diferencia que supone el experimentar con nuevas formas de narrar o con nuevos puntos de vista”. El problema es que el escritor se tiene que adaptar a un nuevo lector, que vive en la sociedad de la información y de la prisa.

Después de este largo periodo de escritura, mi padre decidió que era el momento de publicar y comenzó lo que a mí me gusta llamar “la trama Sísifo”. El manuscrito de La penombra de la coloma recorrió, como mínimo, cuatro o cinco editoriales y se presentó a diversos premios literarios. El escritor novel envía la obra a concursos pensando que funcionan de una manera “lógica”, hasta que descubre que la mayor parte de los premios están patrocinados por editoriales, que ya tienen unos modelos de libros en su catálogo, e incluso de autor. Otorgan premios de acuerdo con sus perspectivas de mercado, de manera que cada vez más editoriales se suman al modelo Planeta en sus ambiciones empresariales: el más sangrante de los casos es el de las editoriales que conceden premios que patrocinan a autores de su propio catálogo o de empresas o asociaciones afines.





Cuando un autor quiere que se le edite encuentra que es francamente complicado que lean un manuscrito sin contacto directo y personal con la editorial. Para Andreu, “la relación ha sido decepcionante, o no te contestan o te dicen que han leído tu libro pero que no encaja en su política editorial”. Siempre que han leído su libro ha sido gracias a conocidos. Esto puede ser porque él no tiene agente literario, describe su modelo de autor como el de francotirador: “Vas por libre intentando publicar tu producto y, normalmente, no se interesan porque no sigues los patrones normales, como trabajar un agente literario al que le gusta tu producto e intenta colocarlo”. La figura del agente puede llegar a ser transcendental, porque tiene línea directa con editoriales, y no es raro que los escritores que lo tienen ganen o queden finalistas en concursos, y que haya editoriales dispuestas a leer, o en su caso, publicar, sus manuscritos. El escritor ha de ir por los canales establecidos, conducentes a crear un producto de mercado que entre en lo que Marx llamó la lógica de mercado capitalista.En este canal siempre prima el producto, por lo que, si tienes ambiciones literarias, es complicado hacerte un hueco (exceptuando determinados casos en los cuales la ambición o la calidad literaria, supuesta o real, es también un producto)”. La vanguardia literaria siempre, o casi siempre, viaja por canales marginales que no llegan a la mayoría de lectores. 

Después de unas horas hablando con mi padre, me doy cuenta de que lo que prima, si has creado una obra distinta a lo que acostumbra a publicar el mercado, es la suerte. Él, relativamente, la ha tenido. Se presentó a un premio que no ganó, pero quedó finalista. Uno de los miembros del jurado, al que le gustó la obra, inició el boca a boca entre algunos críticos y escritores. Cuando Andreu Sevilla se autopublicó (Sra. Llavi de Neu, llibres – anagrama formado con las letras de su nombre y apellido), la novela era conocida de oídas por un círculo pequeño y dio la casualidad de que algunas personas de este círculo pertenecían al jurado del Premi de la Crítica dels Escriptors Valencians de 2010. Hay que destacar que este premio suele ignorar a las obras autopublicadas por la mala prensa que tiene la autopublicación: “Esta fama es en parte merecida porque, cuando te autoeditas, no hay un editor, el trabajo se presenta bien o mal hecho y, muchas veces, solo dos de cada cien novelas autopublicadas lo están dignamente, porque se busca lo barato. Al no haber editor, el libro no ha pasado por la criba, no es un producto apto para lo que el mercado exige. También es verdad que al lector tampoco le atraen las autoediciones.” 

Posiblemente, le dieron el premio ex aequo con una obra editada por una famosa editorial, al margen de la posible calidad literaria, como un toque de atención para que el mercado editorial viera que había determinados productos no estándar que se le escapaban. Sin embargo, el prestigioso premio no le supuso ningún cambio: quizás algunas pocas personas más conocieron el nombre de Andreu Sevilla, pero ni vendió más libros ni ninguna editorial se interesó por él.

Aunque la repercusión fuera nula, recibió otro golpe de suerte: a pesar de ser un libro autoeditado, tuvo alguna reseña positiva en ciertos diarios como El País y en blogs bastante conocidos en el mundo de la crítica en valenciano como Sota la creueta o Cròniques des de Xopilàndia. Presentó su libro un par de veces gracias a conocidos, entre ellos el organizador de una semana cultural local. También, gracias a los contactos, empezó a escribir artículos de opinión en el diario digital L’Informatiu y pudo llevar su libro a la Fira del llibre de Valencia, el año 2010. Pero el círculo es, lamentablemente, reducido: “La difusión de tu obra por esas vías llega hasta donde lleguen tus relaciones personales”.

http://manelalamo.blogspot.com.es/2011/08/la-penombra-de-la-coloma-dandreu.html

Para mi padre, el problema de la autoedición aparte del dinero necesario para hacerlo, es la distribución; si hubiera un método de distribución de libros físicos accesibles económicamente, muchas editoriales se arruinarían. Cómo hacer llegar tu novela a librerías más allá del círculo de conocidos: “Llevas tu obra a librerías de gente que conoces. Se puede dejar tu libro en depósito –el autor se entiende con el librero, pero sin constancia oficial– o legalmente –dándose de alta como autónomo, cosa que implica el pago de impuestos, con la consiguiente disminución del beneficio–. También, llegado el caso, se intenta buscar lectores a través de las donaciones a las bibliotecas”. Esta manera de distribuir la obra tampoco supone que el libro esté al alcance de todos los potenciales lectores.

Gracias a Internet, el circuito tradicional de divulgación se puede ampliar. Con las redes sociales se consigue una apertura de la distribución (propaganda, posibilidad de descargarse el libro a través de Facebook o de la página web del autor, etc.). Pero esto también tiene sus limitaciones y problemas, ya que el autor no controla la difusión de su obra, encuentra dificultades para obtener una retribución económica por ella, ha de gastar dinero para la conversión del libro a un soporte digital, suele ser víctima de la piratería… Difícilmente el escritor del siglo XXI es capaz vivir en exclusiva de la literatura. Indudablemente, Internet tiene, a pesar de todo, sus ventajas: el libro tradicional se convierte, sin una adecuada distribución, en un stock que implica pérdidas económicas para el autor, sin contar con que las librerías pueden tener un margen de beneficio que oscila entre el 25 y el 40% del precio del ejemplar.

En 2012 Andreu Sevilla publicó su segunda novela, Camins de dulcamara. La única diferencia con respecto a la primera fue que, también por vía personal, una asociación le ofreció editar el libro. Como se trataba de un obsequio para los asociados, es decir, no estaba destinado a la venta, no se estipuló ningún contrato de tipo económico. “Vives de otra cosa y lo que te importa es la divulgación del libro”. A veces el autor paga de su bolsillo la cantidad de ejemplares para sus conocidos y con el fin de entrar, de manera precaria, eso sí, en el mercado del libro. Y, como si del castigo de Sísifo se tratara, se vuelve a reproducir todo el proceso sufrido con la primera novela.


Esta vez, mi padre, después de la mala experiencia, no se dio de alta como autónomo. Mucha gente se aprovecha del escritor francotirador: “Dejas cinco libros en una papelería y te pagan tres o directamente no te pagan, hay incluso libreros que abusan de la confianza que se han ganado con sus buenas palabras y alegan las razones más variopintas y picarescas para no pagarte un trabajo del cual se han beneficiado sin escrúpulos.” Todo esto, y la necesidad de tener que comenzar el proceso desde cero, resulta francamente tedioso, desagradable, y en exceso relacionado con asuntos que poco o nada tienen que ver con la literatura.

Lo lógico sería presentar el libro a una editorial y, una vez establecido el contacto, olvidarse del proceso de su elaboración y distribución, pero esto no ocurre así. En el caso de mi padre, sí que ha recibido ofertas de editoriales, pero no relacionadas con el ámbito de la creación literaria, sino por su labor docente, como por ejemplo la adaptación de alguna obra para un público juvenil. Normalmente, las ofertas suelen contener condiciones bastante desfavorables para el autor: “Ofrecen un tanto por ciento de avance sobre las ventas futuras, y un tanto por ciento de beneficio que va aumentado según aumenten las ediciones.” Mi padre opina que muchos de los libros existen por el puro voluntarismo sacrificado del autor, que solo es remunerado con un tanto por ciento exiguo por su trabajo (8-10% del precio del ejemplar, antes de impuestos). Siempre está sujeto al posible secretismo de la empresa o a las prácticas empresariales de la edición. Son prácticas que pueden permitir que el autor gane dinero pero no como para establecerse como escritor profesional: para conseguirlo, tendría que llevar a término multitud de proyectos editoriales. En cualquier caso, el autor o creador resulta, paradójicamente, uno de los que menos rentabilidad obtiene por su obra.

A la conclusión que pude llegar, después de la charla con mi padre, fue que el mundo editorial está lleno de dificultades. El escritor profesional es una figura en franco peligro de extinción en la actualidad y, cada vez más, aquellos que se dedican a la literatura necesitan realizar otros trabajos bien remunerados para poder dedicarse a la escritura. El escritor del siglo XXI cambia el libro de papel por Internet, donde se abren nuevas posibilidades para la divulgación de su obra que no suponen necesariamente unas mayores posibilidades de independencia económica para el autor. Internet hace que la forma de escribir se transforme porque cambia el modelo físico del texto. La escritura del siglo XXI exige un tipo de literatura más breve, contundente, consumista y adaptada al nuevo mundo de la Red. Se cultivan géneros más cortos, a veces muy similares a los post que uno puede colgar en Facebook (por eso los microrrelatos están tan de moda). La era de la información requiere nuevos géneros y nuevos patrones literarios, y suscita el debate entre las ventajas del libro tradicional y las nuevas formas de escritura electrónicas.

Labor encomiable la de mi progenitor para publicar sus primeras obras, de una extensión estándar (entre 200 y 350 páginas), por las vías más peregrinas y generalmente lesivas para su propia autoestima y su propio bolsillo. Pero, visto lo visto, ¿por qué medio conseguirá este moderno Sísifo doméstico editar su próxima obra, una novela de una extensión aproximada de 800 páginas? Se aceptan apuestas.

Y vosotros...

¿Qué opináis sobre los problemas a los que se enfrentan los autores?
¿Sabías el largo proceso de publicación?
¿Os gustan las obras autopublicadas o os decantáis por las editoriales?
¡Me encantaría saber qué pensaís del maravilloso mundo de la publicación!


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