EL PLACER DEL VIAJERO
“Cada noche, en la hora que solían pasar en el balcón antes de salir a buscar un restaurante, escuchaban pacientemente los sueños del otro a cambio del placer de narrar los suyos con detalle.”
Tengo la sensación de que hay algunos libros que te eligen. De verdad. Pocas veces se habla de lo que le ocurre a la gente en las librerías, de los rituales, de los trances. De El placer del viajero me llamó la atención el rojo de su portada, un rojo bastante hipnótico (el rojo es mi color favorito). Así que, ignoré que el peligro del color y, casi como se tratase de una atracción fatal, cogí lo cogí y empecé a husmear. Pronto tiró de la cuerda que su escenario era Venecia, que los protagonistas eran dos amantes y la promesa de que la fatalidad se cerniría tarde o temprano sobre ellos hizo el resto.
Qué puedo deciros, he tenido puntería esta vez. Me he llevado un tesoro a casa. Esta novela de Ian McEwan es sencillamente deliciosa. Te mantiene en vilo, te llega a asustar de una forma bastante inteligente. Es un thriller de los buenos, no de los de Antena3, los domingos, a eso de las cuatro de la tarde.




